La respuesta moral al cambio climático (El País)

tifon Filipinas 2013

Publicado en el diario El País el 29 de septiembre, 2014

La cumbre mundial sobre el clima que ha tenido lugar en New York el 23 de septiembre a iniciativa del secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y la masiva movilización ciudadana que la ha precedido, han vuelto a situar al cambio climático en la agenda política internacional. A lo largo de los próximos meses los principales países emisores, en especial China y Estados Unidos, han de hacer públicos sus compromisos concretos de mitigación de emisiones de manera que se vaya pavimentando el camino hacia un acuerdo global en la cumbre de París en diciembre de 2015.

Ha transcurrido una generación y las alertas científicas (cinco informes del IPCC) no han sido suficientes para que los responsables políticos de la comunidad internacional adopten las medidas que permitan reconducir la situación. El problema de hecho se ha agravado. Entre 1970 y 2000, las emisiones totales de gases de efecto invernadero se incrementaron a un ritmo medio anual del 1,3 por cien. Entre 2000 y 2010 lo hicieron al 2,2 por cien. Significativamente, el año 2013 ha conocido el mayor incremento en la concentración de CO2 de los últimos treinta años. El tiempo para reconducir la situación es limitado.

El sistema del clima no es lineal, es un sistema complejo con diversos efectos de retroalimentación positiva que pueden quedar fuera de control si la temperatura sobrepasase el umbral de seguridad de los dos grados centígrados. Por ejemplo, el efecto albedo de los hielos del Ártico desaparecerá a medida que se fundan sus hielos. Las aguas oscuras que los sustituyen absorberán cada vez más calor en lugar de reflejarlo a la atmósfera. Sin embargo, si esa información científica no es descodificada apenas adquiere un significado relevante para la persona de la calle. Y si no se le otorga significado permanece como mera información que se mezcla con el ruido de fondo de nuestra sociedad hiper-mediática. Esa carencia en la construcción del significado se debe, en mi opinión, a que a la reflexión sobre las graves consecuencias de la crisis climática apenas han acudido, hasta el momento, filósofos, sociólogos, politólogos, historiadoras, educadores, antropólogos, pensadoras del mundo de la cultura, teóricos del derecho, escritores, cineastas, poetas, etcétera. Sin ellos, no es posible construir socialmente el significado de la crisis del clima de manera que sea relevante para la mayoría de las personas de nuestra sociedad.

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