Geopolítica del cambio climático

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Este breve ensayo ha salido publicado en la revista Tiempo de Paz, en un número especial dedicado a la situación abierta tras el Acuerdo de París editado en julio de 2016.

Ninguna disposición es estática. Cualquier situación dada es temporal, se encuentra, por definición, en estado de evolución. China con sus cuatro mil años de civilización y veintitrés siglos como Estado unificado tiene una larga historia de pensamiento estratégico en el que “cada pieza del tablero” ha de leerse siempre en relación con el conjunto del mismo y con una perspectiva a largo plazo En su libro China (2012), el antiguo Secretario de Estado de los Estados Unidos, Henry Kissinger, explica cómo el pensamiento estratégico del Reino del Medio gira en torno al concepto “shi”. Hace referencia a “la energía potencial de una situación en proceso de desarrollo, es decir, al poder inherente en la disposición específica de los elementos y su tendencia estratégica”. Aplicada esa reflexión a la crisis del clima se trata de analizar el histórico Acuerdo de París intentando comprender las fuerzas subyacentes geopolíticas que lo han determinado y las líneas de fuerza que lo definirán en el futuro.

El cambio climático en un problema universal en sus causas y en sus consecuencias. Ahora bien, el 55 por cien de las emisiones mundiales son responsabilidad de cinco grandes emisores[1]– China, Estados Unidos, la Unión Europea, la India y Rusia-. Sus políticas energéticas y sus relaciones diplomáticas sobre el clima definirán, en gran medida, el marco de referencia en el que tendrá lugar (o fracasará) la reconducción de la crisis climática a lo largo de la primera mitad del siglo XXI. Son los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (considerando que Francia y el Reino Unido “representan” a la UE), y la India, el país que contará con la mayor población del mundo en 2030.

Si los planes presentados por los gobiernos nacionales ante las Naciones Unidas con ocasión de la cumbre del clima de París se llevan a cabo de forma satisfactoria, la trayectoria de las emisiones conocerá una importante modificación respecto a la que ha prevalecido entre 1990 y 2015. La nueva trayectoria de las emisiones conducirá a un incremento de la temperatura media de la atmósfera a finales de este siglo entre 2,7-3ºC. Estaríamos ante un escenario de relativa estabilización de las emisiones globales durante varias décadas una vez que se alcance el pico de las mismas hacia el año 2030.

Ahora bien, alcanzar el objetivo formulado por la comunidad internacional precisa no una estabilización sino la reducción drástica y continuada de las emisiones globales. La única manera de hacer viable el objetivo de limitar el incremento de la temperatura media de la atmósfera a los 1,5-2ºC es alcanzar el pico de emisiones entre 2020-2025 y, a partir de ese momento, disminuirlas de forma continuada y significativa (alrededor del 5 por cien al año) hasta mediados de este siglo. En otras palabras, precisa la descarbonización masiva de la economía mundial entre 2016 y 2050. La posición de los cinco mayores emisores será el elemento que marcará la diferencia y definirá, en gran medida, el éxito o el fracaso colectivo ante ese desafío.

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